Esos mojitos de mierda

Puede que la culpa de todo la tengan esos mojitos de mierda. Tal vez sean los causantes de las peleas en el West End de Sant Antoni, de la agresión al conductor de un autobús, de la muerte del chico que se quedó dormido en un alféizar entre dos balcones o de la del otro joven que perdió la vida al caerse de un barco en Formentera.

Puede que la culpa de todo la tengan esos mojitos de mierda y que sean lo que lleva a los propietarios de pisos a especular con el precio de la vivienda para que resguardarse bajo un techo sea en nuestras islas misión imposible. De lo que sí que estoy segura es de que su efecto es lo que lleva a esos inquilinos de cuatro días, y que se piensan que mi edificio es un hotel, a gritar, cantar, lanzar vasos desde las ventanas y hacer del incivismo y de la mala educación sus tarjetas de presentación. 

Tal vez la falta de escrúpulos de quienes nos visitan gritando cada noche, ensuciando nuestras playas y nuestras calles con botellas, desechos y colillas de cigarros esté causado por la presencia de bacterias en aquello que consumen estos extraños seres, o puede que simplemente el planeta se esté volviendo loco y sea verdad eso de que el fin del mundo esté cerca. La teoría del Apocalipsis que defiende un grupo de aficionados a la astronomía y a la numerología bíblica, toma fuerza viendo el sinsentido que nos gobierna. Así que, por si acaso, disfruten mucho de lo que nos queda en el convento por si al final el 21 de septiembre se produce el choque del planeta Nibiru contra la Tierra, un mes después del eclipse total de sol que casi deja ciegos a dos grandes “visionarios” como Donald Trump y su mujer Melania.

Camelos y planetas invisibles a parte, la realidad es que, como les decía al comienzo de este artículo, los vendedores ambulantes nos están vendiendo mojitos de mierda.  Bueno, realmente se los están vendiendo a quienes nos visitan, porque dudo que los autóctonos sean tan poco avispados como para atreverse a probarlos. Y es que, según los análisis de estos productos efectuados por la Guardia Urbana de Barcelona en sus playas, pero que serían extrapolables por ambiente y condiciones a Ibiza, las muestras halladas de E. Coli, o lo que en mi pueblo se llama restos fecales, son en estas bebidas mucho más elevados de lo permitido, multiplicando por 70 su presencia y pudiendo provocar infecciones alimentarias. Así, la venta ilegal de productos en la playa, o lo que es lo mismo, el acoso de los bañistas que ven como cada 5 minutos les ofrecen pareos, gafas, bikinis, vestidos, fruta o bebida, cuando no gas de la risa u otras drogas, es muy peligrosa, según este estudio, que también detectó esta bacteria en bocadillos de fiambre con queso, que multiplicaban por 10 la presencia permitida del E.Coli.

El calor, la suciedad, la mala praxis a la hora de tratar estos productos o el hecho de que los esconden junto a contenedores para que la policía no se los decomise, son los causantes de este peligro oscuro y sigiloso que nos acecha. Si mezclamos teorías inciertas, puede que el fin del mundo esté realmente en unas bacterias de mierda.

Así que ya lo tienen, por fin hemos encontrado al culpable. Siempre necesitamos lanzar dardos contra alguna diana para que no se nos claven en las entrañas, y parece que el puzle ya nos desvela su dibujo. Si esta temporada no está siendo tan buena como se esperaba la culpa es de esos mojitos de estraperlo a 5 euros el vaso, y no de la falta de profesionales que han descartado trabajar en Ibiza por el alto precio de los pisos, del nivel de vida, de la subida de todo en general y de la locura que supone no poder conciliar el sueño por las noches, ni la paz por el día. La falta de control y de controles, la suciedad, la masificación y el tedio que supone que la varita mágica ya no convierta calabazas en carrozas no tiene nada que ver, la culpa de todo ya no la tiene Yoko Ono, como reza la canción, sino esos mojitos de mierda. Salud.

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